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El extraño caso de la “isla de cemento” que no tenía árboles y fue la más poblada del planeta (FOTOS)

Por: La Nación

¿Quieres recibir nuestro exclusivo boletín informativo en tu correo? ¡Suscríbete a #BoletinPatilla! La pequeña isla, de 400 metros de largo y 150 de ancho, fue uno de los lugares más densamente poblados del planeta. Hoy, ese lugar parece una ciudad fantasma de las tradicionales series de zombies. A Hashima también se la denomina Gunkanjima, que significa acorazado. Esta denominación viene de sus días de esplendor. Cuando sus propietarios, la empresa Mitsubishi, había levantado una muralla alrededor para proteger a la población de los tifones.

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Un poco de historia

La historia de este singular terruño japonés, arranca en 1887 cuando se descubre una veta de carbón en el subsuelo marino, a unos 200 metros bajo la isla. Unos años después, Mitshubishi compra el islote para explotarla y en 1889 ya se habían perforado dos túneles verticales que conectaban con el fondo. A medida que la producción de carbón se iba incrementando (en 1916 la mina producía 150.000 toneladas de carbón), la población de la isla y también las construcciones iban aumentando, hasta el punto en que se convirtió en un hormiguero humano.

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la isla japonesa sin verde que fue la más poblada del planeta. shutterstock — Shutterstock  

 

Con la llegada de la Primera Guerra Mundial se registró un notorio aumentó de la demanda de carbón. Así, Hashima amplió su supremacía en la zona. Por aquel entonces, en Gunkanjima vivían unas 3000 habitantes. Los trabajadores vinculados con la extracción del carbón, a pesar de tener muy duras jornadas, gozaban de grandes salarios. Al tiempo, Mitshubishi empezó a construir los primeros edificios de hormigón armado destinados a los obreros. Se trataba de inmuebles básicos, donde el lujo no estaba contemplado. Los departamentos eran pequeños y constaban de una habitación con una ventana, una puerta y el vestíbulo. Los baños y la cocina eran compartidos. Los empleados de Mitsubishi o el personal de mayor jerarquía contaba con otra suerte.

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