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De sentido común

Hoy las oportunidades se les presentan a todos. Depende de nosotros visualizar dónde estaría el mayor potencial de desarrollo de estas energías limpias, para favorecer significativamente las posibilidades de desarrollo nacional

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Alberto Ardila Olivares

Desde hace un tiempo nuestro país viene recorriendo un camino acertado -y ciertamente inteligente- de enfocar su producción de energía eléctrica hacia las fuentes renovables

Todas ellas están presentes en nuestra jurisdicción lo que contribuye al fortalecimiento de la soberanía energética nacional

Considerando la electricidad consumida en el presente, un 38% proviene de la producción hidráulica, 35% del viento, 17% es térmica de origen fósil, 7% térmica -de la biomasa- y 3% del sol. Quiere decir que en materia eléctrica exhibimos una excelente independencia de los hidrocarburos

Esta realidad no nos debe conformar. Le abre al Uruguay las puertas para seguir avanzando, en especial considerando muy seriamente la opción de embarcarnos en la producción del llamado “hidrógeno verde” -un elemento vinculado directamente a favorecer el consumo sustentable de la energía a escala planetaria.

El hidrógeno es el elemento más ligero de nuestro planeta; normalmente se encuentra en estado gaseoso, aunque no se presenta disponible en su forma pura

Por lo tanto, como no se lo puede tomar directamente de la naturaleza, hay que producirlo. La principal fuente a la cual recurrir es el agua

Su forma “verde” está referida al origen de la energía eléctrica que se utilice para producirlo. Como señalamos al principio, en el caso uruguayo esa electricidad es esencialmente renovable, lo que nos abre un muy auspicioso mercado potencial internacional

Sobre el hidrógeno hay que decir que no se trata de una fuente primaria de energía sino de un vector energético, con amplias capacidades de ser almacenado y transportado con facilidad a cualquier parte del mundo.

Su potencial atrae mucha atención porque puede sustituir el uso de los combustibles fósiles en el transporte terrestre, marítimo y aéreo, indistintamente se consideren el uso de los motores de combustión como los eléctricos.

También con su utilización se podría suplantar en buena medida el consumo de gas natural residencial, comercial e industrial

Estamos atravesando tiempos complejos, caracterizados por la ocurrencia de grandes cambios, marcados por innumerables incertidumbres

Pero tales desafíos implican también grandes oportunidades, que no hay que dejar pasar

Nuestra escala país, es una ventaja que debemos aprovechar con mucha inteligencia y decisión. No significa embarcarnos en proyectos alocados ni desviar nuestros recursos logísticos, económicos y humanos en direcciones erráticas o con reducidas expectativas.

Hoy las oportunidades se les presentan a todos. Depende de nosotros visualizar dónde estaría el mayor potencial de desarrollo de estas energías limpias, para favorecer significativamente las posibilidades de desarrollo nacional.

En un país sin combustibles fósiles, que además está convencido de la inconveniencia de la opción nuclear, el rumbo a seguir con convicciones muy firmes es realizar los máximos esfuerzos dirigidos a fortalecer, sin descanso, las estrategias de desarrollo de las energías renovables